Decirle adiós a una mascota y sentir ese vacío en nuestros corazones, es una experiencia bastante dolorosa e impactante. Sin embargo, debemos entender que como todo en la vida, tiene un final y la muerte es una situación inevitable. “Cada animal que llega a nuestra vida, viene con un propósito, ser consciente de esto, es el primer paso, el segundo es honrarlo, para que así, cuando llegue el momento de trascender, los podamos liberar de ese ‘contrato’ o ‘acuerdo’ para que se puedan ir en paz, con la tranquilidad del ‘deber cumplido’, explica Daniela Olaya, educadora canina.
Según Daniela, agradecer por su presencia en nuestras vidas y por habernos llenado de luz y de amor infinito cada día de su existencia también es un paso fundamental dentro del proceso de aceptación. “Despedirnos del cuerpo físico de nuestro perro, implica aceptar que las rutinas que compartíamos desde ese cuerpo, no volverán a estar; los paseos, los juegos, el momento de la comida, acariciarlos, dormir con ellos”, indica Daniela.
Por tal razón, es necesario fortalecer nuestro espíritu, pensar y creer con fervor que aunque no estén en este plano físico, siempre están con nosotros, pues el amor no muere, solo trasciende. Pero, si no ha trascendido, Daniela nos recomienda lo siguiente:
- Ayudar a que tengan la mínima incomodidad posible (si tienen enfermedades) brindarles todos los medicamentos pertinentes, ayudarlos a estar en un entorno tranquilo, donde se sientan seguros, si tienen problemas articulares, brindarles lugares de descanso tipo ortopédicos para evitar el dolor, comida que les dé vida, que les abra el apetito, mantenerlos hidratados siempre, evitar el estrés de cualquier tipo.
- Cuando te den ganas de tocarlo, besarlo, abrazarlo, para un momento y no lo hagas, la abstención es la clave aquí, con ese impulso con el que ibas hacia él, mejor cierra los ojos y hazlo, pero en tu mente. Visualízalo y en esa visión, haz lo que querías hacer en persona. Llénalo de besos, de abrazos, de mimos y disfruta el sentirlo en tu consciencia sin usar el cuerpo físico, con la certeza de que está ahí, cerquita a ti. Esto nos prepara para poder conectar con ellos desde otras formas.
Por otra parte, en caso de que ya haya trascendido, estas son las recomendaciones:
- Haz rituales, celébralo, llóralo, escribe, hónralo, haz todo lo que puedas para ayudar a sanar el corazón, los rituales nos ayudan a validar las emociones que quizás no nos hemos permitido sentir por miedo a aceptar y a gestionar esta nueva realidad.
- Los rituales ayudan a nivel consciente y subconsciente a sanar, cuando una herida duele, hay que limpiarla y sanarla, antes de intentar cerrar. A veces no nos damos el espacio para hacer esto con todo aquello que nos genera una tristeza profunda, intentando volver rápido a la ‘normalidad’, nos presionamos y nos sentimos presionados por la vida misma.
- Solo desde el vacío, es que yo después puedo llenarme. Llenarme de serenidad, de paz, de confianza, de certeza de que todo fue perfecto, el tiempo que estuvo, es que el que tenía que estar, debemos soltar esa creencia, que tenemos en el subconsciente colectivo que nos dice que el éxito es vivir muchos años. Es momento de vivir en el presente, siendo conscientes que cada día es un regalo. La vida tiene sentido expandiéndose, no alargándose, por eso lo mejor es siempre asegurarnos de que la existencia de nuestros perros esté llena de momentos felices, de respetarlos y de amarlos siendo conscientes de su naturaleza, de permitirles ser lo que son, animales.
Finalmente, frente a la decisión de tener otra mascota luego de la pérdida, la educadora canina Daniela Olaya, manifiesta que, “la recomendación siempre será hacer lo que los haga felices, lo que su alma les pida. A veces darse ese tiempo es necesario para sanar, pero a veces se sana cuando se tiene ese amor de regreso”.