Solo durante el año 2020, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar abrió más de 11.600 procesos administrativos de restablecimiento de derechos, es decir, un promedio de 32 casos diarios para restaurar los derechos de niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual.

Los datos demuestran que no solo es necesario sino, que es urgente, que madres, padres y cuidadores empiecen a desarrollar acciones de prevención de violencia sexual en sus hogares, de manera que inculquen en niñas, niños y adolescentes, el respeto por sus cuerpos y su intimidad, para lograr que ellos aprendan a detectar aquellas situaciones que los vulneran y los ponen en riesgo, acudiendo a un adulto protector ante la mínima sospecha.

Para la psicóloga Lina María Herrera, del ICBF, hay dos errores sobre la educación sexual en casa que las familias deben superar: el primero, esperar hasta que la niña o el niño llegue a la adolescencia y existan sospechas de que ya inició sus relaciones sexuales para empezar a hablar del tema y, el segundo, creer que la violencia sexual tan solo hace referencia al acceso carnal. “Las niñas y los niños, desde muy temprana edad pueden estar expuestos a tocamientos, besos o caricias inadecuadas que constituyen diferentes formas de violencia sexual. Tenemos que erradicar el imaginario en el que pensamos que una agresión sexual es únicamente penetración”, advierte Herrera.

Hay que recordar que en Colombia todo acto sexual con menores de 14 años se constituye como violencia sexual y está tipificado como delito en el código penal.

¿Cómo abordar el tema?
Tocar temas relacionados con la sexualidad, es uno de los mayores temores de madres y padres que desconocen cómo iniciar la conversación, especialmente, con los más pequeños. Sin embargo, la experta asegura que este proceso debe darse de manera natural, teniendo en cuenta las siguientes recomendaciones. “Desde sus primeros años de vida, los niños deben aprender a reconocer sus órganos genitales y a referirse a ellos por su nombre correcto: pene, en el caso de los hombres y vagina, en el caso de las mujeres. Cambiar las denominaciones reales de las partes íntimas confunde a las niñas y niños. Nada de “pirulito” o “florecita”, las cosas por su nombre”, dice la doctora Herrera.

Una vez las niñas y niños han aprendido a identificar las partes de su cuerpo, tal y como se denominan, puedes entrar a enseñarles cuáles pueden ser tocadas por otras personas (el pelo, las manos, los brazos, las mejillas, por ejemplo) y cuáles no. Este, según la experta, es el momento ideal para enseñar el concepto de privacidad. “Las niñas y niños deben comprender, desde temprana edad, que sus genitales son partes del cuerpo íntimas, que nadie puede tocar y que ellos tampoco pueden tocar las de los demás, porque son privadas y hay que respetarlas”, señala la doctora Herrera.

Sin embargo, las niñas y los niños deben tener claro que solo algunas personas, en determinadas situaciones, podrían tocar sus partes íntimas. Estas personas podrían ser sus padres o cuidadores al momento de bañarlos o de limpiarlos cuando están aprendiendo a ir al baño, o el médico pediatra, si es necesario examinar el estado de salud de esa zona, y siempre con el acompañamiento de los padres.

Señales de alerta
Cuando un menor es abusado, las señales físicas son evidentes; aparecen dolores abdominales, pélvicos, fisuras en la zona genital, irritación, picazón, inflamación, mal olor, flujo con sangre o materia en la zona vaginal o anal, moretones en el cuerpo o infecciones urinarias frecuentes. “Hay que prestarles atención y consultar al médico, no solo para tener un diagnóstico usual, sino también para activar un protocolo de atención en caso de ser necesario, sobre todo, si aparte de estos indicadores físicos, hay también indicadores emocionales”, explica Lina María Herrera.

A nivel emocional y comportamental pueden identificarse sentimientos de tristeza, irritabilidad, miedo, odio, culpa, vergüenza y frustración. Además, comenta la profesional en psicología, puede haber cambios bruscos en el estado de ánimo, pérdida del sentido de la vida y el interés en las actividades escolares y el juego.

¿Qué se puede hacer en estos casos?
En caso de que identifiques varios de los indicadores mencionados, es muy importante no cuestionarlos. La psicóloga Herrera hace énfasis en que conversar con el niño puede llevar, sin quererlo, a la implantación de memorias o recuerdos, lo que podría afectar el proceso legal. “Lo que hay que hacer es buscar ayuda profesional, un psicólogo o médico especialista que se encargue”, puntualiza.

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