1. Dar acceso a los libros: No todos podemos comprar libros para que nuestros hijos lean en casa, sin embargo, las bibliotecas públicas (hay más de 70 en Cali) son una excelente opción para suplir esta necesidad.
2. Dejar leer: Muchas veces la agenda de los niños está más ocupada que la de los adultos y es entendible, teniendo en cuenta las extensas jornadas laborales de los padres actuales, sin embargo, la lectura requiere de tiempo, de una oportunidad de encuentro con el libro.
3. Sin obligación a leer: Determinar horarios, cantidad de lecturas, temas y otras prácticas académicas y disciplinarias, puede traer consecuencias nefastas para incentivar la lectura en los niños. Si bien es necesaria la dedicación, sabemos que resulta más eficaz el deseo y no la imposición.
4. Leer juntos: Es difícil formar una comunidad lectora, si solo a los niños se les exige leer o se les dice que es «muy importante». A veces solo basta con que los niños vean leer a sus padres, a sus maestros a sus amigos. Leer juntos es una oportunidad también para conocerse, para entablar un lenguaje secreto que solo conocen los que han compartido historias y personajes entrañables.
5. Saber qué leer: Si bien no tenemos todos que ser expertos en literatura infantil, valdría la pena estar enterados de cuáles son los buenos libros e ir empezando a formarse un criterio. Revistas e instituciones especializadas hacen listas de recomendados que son una buena guía inicial.
6. No todos los libros son literatura: Hay muchos productos para los niños con miradas sexistas o estereotipadas de la infancia. También hay objetos del mercado que simulan ser libros o literatura pero que no lo son. Los libros para colorear, que enseñan a leer o multiplicar, las sopas de letras y crucigramas no son literatura, tiene otros fines y no construyen una comunidad lectora necesariamente.
7. El Derecho a no leer: Del decálogo de la lectura de Daniel Pennac esta es nuestra favorita. Tenemos derecho a no leer. A no creernos más importantes o mejores por leer. A dejar un libro a la mitad si no nos gusta, a empezar muchos libros al tiempo. A decidir no leer por temporadas.
8. Abrir y apoyar espacios públicos para la lectura: Las bibliotecas tienen una función social de vital importancia para las personas, sin embargo, también se necesita del apoyo de otros espacios públicos para que la lectura y el arte no solo sea cosa de bibliotecas y escuelas. Abrir en la ciudad cafés literarios, donde las personas se reúnan a conversar sobre libros mientras pasan la tarde, o encontrarse exposiciones de obras y autores en las estaciones del transporte masivo, visitar librerías y comprar libros para obsequiar, son acciones que abren posibilidades reales para que la lectura sea una práctica cotidiana, sin artilugios artificiales de enseñanza y que le permita a nuestras comunidades mirarse hacia adentro para luego encontrar nuevas formas de ver el mundo que los rodea.