Hablar de salud mental nos invita a reconocer lo que sentimos, pedir ayuda cuando la necesitamos y entender que cuidar de nosotros mismos también es una prioridad.
Cuidar nuestra salud mental es tan importante como cuidar nuestro cuerpo. Las emociones, los pensamientos y la manera en que afrontamos los desafíos cotidianos influyen directamente en nuestro bienestar y en la forma en que nos relacionamos con los demás.
El 10 de agosto, un terremoto nos recordó lo vulnerable que podemos sentirnos frente a situaciones que escapan de nuestras manos. Más allá de los daños materiales, una emergencia de esta magnitud puede dejar huellas emocionales que no siempre son visibles y que pueden aparecer incluso días o semanas después.
El miedo, la ansiedad, la dificultad para dormir, la sensación de estar constantemente alerta o el temor de que vuelva a ocurrir son algunas de las reacciones que pueden presentarse después de vivir una experiencia potencialmente traumática. Y aunque cada persona procesa lo sucedido de manera diferente, reconocer estas emociones es también una forma de empezar a cuidarnos.
La Dra. Clara Inés Hernández, presidenta de la Asociación EMDR Colombia, destaca la importancia de hablar abiertamente sobre salud mental y brindar herramientas para afrontar experiencias que pueden generar un impacto emocional.
“Después de una experiencia traumática, cada persona vive su proceso de manera diferente. Algunas pueden sentir miedo, ansiedad o tristeza; otras permanecen en estado de alerta, atentas a cualquier señal que les recuerde lo ocurrido. Reconocer estas reacciones, sin juzgarlas ni minimizar su impacto, es un primer paso para comprender lo que estamos viviendo.
La recuperación emocional no siempre ocurre al mismo ritmo que la reconstrucción física. Por eso, es importante respetar los tiempos personales, fortalecer las redes de apoyo y recordar que pedir ayuda no es una señal de debilidad. El acompañamiento profesional puede brindar herramientas para procesar lo vivido y recuperar progresivamente la sensación de seguridad.
Como sociedad, también tenemos un papel fundamental: escuchar sin juzgar, ofrecer apoyo sin presionar y crear espacios donde las personas puedan expresar sus emociones con confianza. Porque cuidar la salud mental significa reconocer que, además de reconstruir lo que se perdió, necesitamos cuidar a quienes están intentando recuperar su tranquilidad y seguir adelante.”
Entre tanto, en el marco del Día Mundial de la Salud Mental, vale la pena recordar que reconstruir también significa atender lo que sentimos. Hablar de lo ocurrido, escuchar a quienes nos rodean y buscar acompañamiento profesional cuando sea necesario, puede ayudarnos a recuperar poco a poco la sensación de seguridad y bienestar.
La salud mental también hace parte de la recuperación de una comunidad. Por eso, después de una emergencia, acompañarnos, validar nuestras emociones y abrir espacios para hablar puede ser tan importante como reconstruir los espacios físicos.
¡Porque sanar no significa olvidar lo que pasó. Significa encontrar, paso a paso, la manera de seguir adelante!