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Síntomas del cáncer de linfoma

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El linfoma es un cáncer del sistema linfático, el cual está conformado por los ganglios linfáticos, el bazo, el timo y la médula ósea. El linfoma puede afectar a alguno de estos o a todos ellos y, en algunos casos, puede comprometer órganos diferentes al sistema linfático, como el pulmón o el sistema nervioso central.

Las manifestaciones clínicas generales del linfoma usualmente son inespecíficas, pero casi en la mayoría de pacientes se presenta pérdida significativa de peso (más del 10% de la masa corporal total en un tiempo menor a seis meses), cansancio excesivo, fiebre, sudoración y aparición de ganglios aumentados de tamaño.

Los dos tipos principales de linfoma son: Linfoma Hodgkin y Linfoma no Hodgkin. El pronóstico y tratamiento dependerá de varios factores, entre los cuales se encuentran las marcaciones específicas de la patología de cada paciente, los resultados de las imágenes (tomografías) y el compromiso de otros órganos. También son importantes las variables específicas de cada paciente, como la edad, la presencia de otras enfermedades, los resultados de laboratorios en sangre y la funcionalidad.

Para hacer un correcto diagnóstico es necesario sospechar de manera oportuna la enfermedad, escoger un ganglio para extraerlo mediante una biopsia excisional, y poderlo analizar al microscopio con marcaciones especiales que realizará el patólogo especialista en hematología.

No existe causa única identificada para esta enfermedad, sin embargo, se conoce que existen factores de riesgo para el desarrollo de la misma, como son las infecciones, antecedente de otros tipos de cáncer, contacto previo con agentes químicos sin prevención, radioterapia, quimioterapia, entre otros. En algunos casos se logra identificar algún factor de riesgo, pero independiente de esto, en todos los casos existe una mutación genética que es la causante de que la célula se multiplique rápidamente y que, además, se muera más lento que una célula normal.

En general, el tratamiento que se ofrece está basado en quimioterapia, que es la mezcla de varios medicamentos citotóxicos que se infunden por una vena que finalmente se dirige a todos los lugares afectados del sistema linfático y busca eliminar las células malignas. En algunos casos específicos, se puede ofrecer radioterapia o la combinación de quimio y radioterapia.

El manejo quirúrgico no es de elección en esta enfermedad y, en caso de ser necesario, se hace para obtener el diagnóstico o manejar una complicación, no como tratamiento.

Cuando la enfermedad reaparece o no mejora después de la quimioterapia de primera línea, puede ofrecerse una quimioterapia de segunda línea, también llamada “de rescate” y, posteriormente, un trasplante de progenitores hematopoyéticos, con el fin de erradicar completamente cualquier rastro de enfermedad.

Afiliado a EPS DELAGENTE, es importante consultar siempre que se tenga sospecha de esta enfermedad y solicitar concepto por el especialista hematólogo para profundizar con exámenes que puedan detectarlo o descartarlo. Comunícate al 485 3530 para más información.

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