Cuando esperamos un bebé, lo primero que deseamos es que sea un niño sano. Durante la espera, nos surgen infinidades de preguntas y temores acerca de su estado de salud, y uno de los más grandes temores son las afecciones del corazón del bebé. Aproximadamente, 1,3 millones de recién nacidos en el mundo tienen cardiopatía congénita.
La cardiopatía congénita es la malformación más frecuente en recién nacidos, la segunda causa de muerte en el período neonatal, y responsable de más del 10% de la mortalidad infantil. Actualmente, es posible detectar la mayoría de las cardiopatías congénitas a partir de las 20 semanas de gestación, es por eso, la importancia del cumplimiento de los controles y seguimientos durante la etapa gestacional.
Gracias a los significativos avances en el tratamiento médico y quirúrgico de la cardiopatía congénita, ahora se espera que el 85% de los bebés sobrevivan hasta la adultez, considerándose como una enfermedad crónica, en vez de una terminal.
Existen afecciones cardíacas que se hacen evidentes poco después del nacimiento, o en los primeros meses de vida del menor, y se presentan con los siguientes síntomas:
• Color gris pálido o azul en la piel (cianosis).
• Respiración rápida.
• Hinchazón en las piernas, el abdomen y la zona alrededor de los ojos.
• Dificultad para respirar durante la alimentación, lo que provoca un aumento de peso deficiente.
Ante cualquier indicio de esta patología, lo más importante es que acudas a un especialista que haga correcto seguimiento durante tu período de gestación; como padres, debemos estar informados y conocer bien la cardiopatía, ser partícipes en el tratamiento de nuestro hijo, e intentar darle una educación y los cuidados correspondientes para lograr que se adapte a su cardiopatía y pueda hacer una vida normal.
En nuestras manos está el bienestar y la felicidad de nuestros hijos.
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