El estrés, la ansiedad o las preocupaciones pueden ser algunas de las causas que llevan a las personas a adoptar el hábito de comerse las uñas. El problema es que con el tiempo esto podría provocar múltiples lesiones físicas, tales como: dificultades en los dientes, deformación de la cutícula, formación de verrugas, infecciones, afectación por hongos o bacterias, e incluso la elevación de los bordes laterales del dedo.
Según Michelle Salazar, doctora de la Universidad de Yale, ubicada en el estado de Connecticut de Estados Unidos, “este comportamiento normalmente suele iniciar en la infancia. En la adolescencia aumenta el porcentaje de personas con esta conducta, y a partir de los 18 años este número va disminuyendo”.
A pesar de que aún no está clasificado como trastorno, los especialistas coinciden en que sí se trata de una conducta compulsiva, por lo que existen distintos métodos para eliminar o disminuir este comportamiento.
Métodos:
- Sustituir el hábito de morderse las uñas por una actividad menos invasiva, como: hacer girar los pulgares, mantener las manos en los bolsillos o dar golpecitos en los dedos.
- Aplicación de cremas o esmaltes de uñas de sabor amargo, para tratar de desalentar la práctica del hábito.
- Intervención psicológica, a través de la combinación de las siguientes técnicas: terapia de aceptación y compromiso, hipnosis, mindfulness o atención plena, entre otros.